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Conversamos durante un ratito con Carlos Sobera, un actor y presentador que tiene como lema inculcar la cultura a todo aquel que está cerca de él. El teatro es una de sus pasiones, además de ser una de sus profesiones. Profesión que, a día de hoy, está muy infravalorada por el espectador ajeno a los teatros, aunque en los últimos tiempos la educación cultural se está reconciliando con la sociedad. “El Ministro” es la última obra que Carlos Sobera ha protagonizado y la que ha llevado, junto a sus compañeros de escena y todo el equipo, por gran parte de la geografía española. En Zaragoza hicieron las últimas funciones, con un gran éxito: 

El Artista de la Calle: Carlos, ¿cuál es el objetivo de esta última obra que protagonizas, “El Ministro”?

Carlos Sobera:  Es una función que, por un lado se dibuja como un trabajo de carpintería teatral, con cuatro personajes que se ven encerrados en un piso y todos tienen un objetivo en común, huir de la policía. Todo esto provoca una situación de ansiedad y al público le entretiene y le divierte. Por otro lado, aprovechando este juego, el autor presenta a cuatro personajes igual de miserables, aunque al principio parezca que sólo uno de ellos lo es. Además de dibujar la pérdida de valores en plena crisis económica, el autor también aprovecha para sacudir políticamente el panorama con pequeñas pinceladas. 

EADLC: Todo artista antes de salir a escena tiene un ritual que le ayuda a concentrare en su trabajo, ¿cuál es el tuyo?: 

C.S: Soy un actor de viejo método, lo cuál quiere decir que no tengo ningún ritual. Recuerdo una ocasión en la que trabajé con una productora y siempre me contaban que el actor que más entusiasmaba era Fernando Fernán Gómez, porque estaba comiendo o jugando una partida de mus y de repente le llamaban para salir a escena y el tío se levantaba, se ponía delante de la cámara y decía: “¡¡¡El señorito!!!!”. Era impresionante verlo. Yo no soy tan impresionante, ni mucho menos, pero con eso aprendí que tengo el mismo método, el de un actor que se ha hecho así mismo, trabajo el papel, lo discuto con el director y cuando ya creo que lo tengo antes de la función me limito a intentar controlar ese gusanillo que corre por el estómago. 

EADLC: ¿Qué ocurre si se te olvida un texto es escena?:

C.S: Ese es el gran trauma de todos los actores y a mí ya me ha pasado, justo en una función en la que no me podía pasar, porque el título era “Palabras encadenadas” y yo jugaba a las palabras encadenadas con mi ex-mujer, a la que había secuestrado y trataba de asesinar. Como reto le había propuesto este juego, si ella perdía, perdía la vida y si ganaba, ganaba la libertad. De repente  tuve un gran apagón, creo que no lo he pasado peor en mi vida, pero de todo se sale y esto también me lo dice la experiencia. Al final lo que ocurre es que el actor tiene una ventaja con respecto al espectador, que conoce el texto, de donde viene a donde va y a donde tiene que volver. Poco antes de cualquier estreno soñamos con que algo así nos puede ocurrir. 

EADLC: ¿Cuáles son las ciudades que habéis visitado con la obra de “El Ministro”?: 

C.S: Hemos recorrido casi todo el país, aunque, lamentablemente no hemos podido pasar por todos los sitios. Hemos estado ocho meses en Madrid y visitado  cincuenta o cincuenta y cinco ciudades y en algunas hemos estado bastante tiempo. Aragón, el norte, la costa alicantina, Navarra, la Rioja y la última la hacemos en Zaragoza. 

EADLC: ¿Crees que Zaragoza tiene un público más difícil de conquistar con respecto a las demás ciudades?: 

C.S: Creo que el público más difícil fue el de Barbastro, pero sin embargo también creo que fue el que más aplaudió cuando terminamos la función, pero si teníamos la sensación durante la obra de que no entraban con la misma fluidez. En Zaragoza el comportamiento es muy parecido al de otras grandes ciudades, la gente se ríe enseguida. 

EADLC: ¿Cómo recuerdas tus inicios en el mundo del teatro?: 

C.S: No los recuerdo… (risas). Cuando tenía 17 años para 18 formé un grupo de teatro en mi ciudad natal, Barakaldo, y estuvimos haciendo cosas durante unos seis años, hasta que me metí a dar clases en la universidad, ya que más allá de darme dinero, a mí el teatro me costaba dinero, como a todos los que somos independientes, tenemos grupos y vamos dando vueltas por el mundo. Formé en la universidad un aula de teatro y me dediqué más a formar a los alumnos y yo llegué a hacer una obra con ellos, como actor. Después de aquella época me fui buscando la vida y haciendo cositas para la televisión de Euskadi, de actor, presentador,etc… y luego ya me fui a Madrid. 

EADLC:¿Cuál es el papel más difícil que te ha tocado interpretar?: 

C.S: El de padre… (risas), además es durante las 24 horas del día y sin guión!! En el teatro probablemente el de “El club de la corbata”. Era de un autor francés, un texto muy sicológico y muy de intenciones ocultas de los personajes. Lo que se intentaba reflejar era donde estaba el límite de la amistad. Nos costó muchísimo dar con las claves y gracias a que tuvimos un buen director la pudimos sacar adelante. Además, el nivel de exigencia interpretativa era muy exigente y acabábamos agotados. 

EADLC: ¿Cuál será la próxima obra en la que te veamos en escena?:

C.S: En noviembre estrenamos “Cinco y acción” y empezaremos la gira en abril o mayo. 

EADLC: Vemos en nuestro día a día que a la gente le cuesta mucho ir al teatro, ¿de qué manera os afecta la poca visión que se tiene por la cultura?: 

C.S: Para empezar, hay un problema educacional, la gente joven y los chavales hacen lo que ven. Me explico, con mi hija pequeña de ocho años fuimos en familia a la República Dominicana, fuimos a Santo Domingo, al museo, ella se puso los auriculares para la visita guiada y su madre y yo nos quedamos perplejos cuando se los puso y se iba viendo toda la exposición de cuadros y esculturas mientras escuchaba a la guía por auriculares. Piensas que es ciencia infusa, pero no, es porque lo ha visto con nosotros. A mí me gustaba mucho el teatro y yo iba a verlo, desde pequeño, porque había mamado el estudio desde que era un crío. Los chavales de ahora, entre 15 y 25 años, abarrotan los monólogos, por ejemplo, es el lenguaje que les han enseñado, es mucho más fácil y no exige el mismo esfuerzo de comprensión que un texto de Lorca, aunque por otro lado es lo único que se les está dando. Cuando se traen funciones más complejas de clásicos españoles, ¿quién va al teatro?, un público que está por encima de los 40, en la mayoría de los casos. Hay que educar a los niños para que se puedan aficionar al teatro, hay gente que no ha ido nunca. Soy consciente de que son malos tiempos y el IVA nos hace polvo a todos, esperemos que sea una cuestión de tiempo, pero no sólo es eso, hay un desprecio por la cultura que se está fomentado por la propia administración, colegios, institutos, etc… El otro día  hablando con una directora de colegio, yo estaba con dos chicas que han hecho un grupo musical y se dedican a hacer espectáculos para los niños, en inglés. Yo le explicaba a la directora que cuando un chaval forma parte de un equipo de fútbol no sólo aprende el deporte y cuando forma parte de un grupo de teatro no solamente aprende teatro, sino que se le inculcan muchísimos valores: trabajan  en equipo, adquieren disciplina, valoran el trabajo, la puntualidad, el respeto al trabajo de los demás, la empatía, etc… todos estos valores sólo se aprenden con el trabajo colectivo. El teatro ayuda a que muchos niños puedan superar complejos y problemas personales. Para ellos el verse en un escenario, ser escuchados y aplaudidos por un público les da una autoestima que es muy importante. Cuando van al colegio y se sientan en el pupitre aprenden cosas, pero no valores, con los que se podrían evitar muchas de las cosas que pasan, como por ejemplo en acoso escolar y la falta de respeto. Con todo esto las personas que desde pequeñas hacen teatro, acudirán a teatro e inculcarán a sus hijos el teatro.

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