Faltaban pocos minutos para las diez de la noche cuando Enrique Bunbury y su banda salían al escenario para ofrecer un espectáculo de luces y sonido de casi dos horas y media. Tras comprobar en las dos primeras canciones que todo estaba en su sitio, el artista empezaba a disfrutar con más de 4.000 zaragozanos a sus pies. El sonido iba mejorando tema tras tema, la nitidez de la batería y la pureza de las guitarras, bajo y percusión envolvían la voz del artista maño de una forma brillante.

 

Tocar en casa, en la ciudad que lo vio nacer, entre ese público que lo reclamaba desde que las luces del pabellón Príncipe Felipe comenzaban a bajar para volver a subir en forma de preciosos colores que daban un toque de protagonismo especial al escenario. Al grito de “buenas noches, Zaragoza” pasados unos minutos del comienzo, el público quedaba más que atrapado hasta su despedida.

Los temas de su último trabajo, “Palosanto” eran enlazados de una forma cuanto menos, sublime. ”Despierta” daba la salida y  temas como “El rescate” de “El viaje a ninguna parte”  conseguían poner al recinto en pie. Con “Plano secuencia” la banda junto a Enrique ponían un punto y seguido a lo que casi tres cuartos de hora más tarde sería el final.

Final que aguardaba una sorpresa. Rafa Domínguez, del grupo “Guisante”, era el invitado de la noche para tocar un par de temas con su amigo Enrique, quien lo presentó de una forma especial por la amistad que los une desde hace años. A la guitarra y segunda voz, Rafa Domínguez le agradecía el gesto con una actuación en cada una de las canciones que tocó de lo más digna.

De dignidad hablaba el rey de rock llegado desde Mexico diciendo “hicimos de una profesión algo digno cuando esto era un desierto”.

“El Viento a favor” y una lluvia de papelitos dorados ponían, entonces sí, punto y final a un concierto espectacular.

Fotografía realizada por Josian Pastor.

 

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