En el origen de la humanidad, casi incluso antes que el lenguaje, apareció la religión. Ya fuese dar culto a la naturaleza o adorar a Ra, las personas siempre han buscado una forma de vida superior. Pero con el tiempo, todos estos ritos desaparecen (hace por lo menos dos meses que no rezo a Ra, en concreto desde que empezó el verano y creí que si el dios del sol no actuaba, nos libraríamos de ver en los telediarios las advertencias de “¡Hidratemos a nuestros mayores contra los golpes de calor!”).  De todas formas, estaban destinados al fracaso puesto que no había aparecido una figura excepcional que en apariencia (casi) mortal demostrara que tenía dones sobre humanos. Hasta que ayer Carmen París empezó su concierto en la mítica Campana de los Perdidos cantando ‘25 años’ a capella.

No es humana. He estado en conciertos de todo tipo de artistas (sí, y además escribo tonterías al respecto y sé rezar el Ave María en latín, soy un partidazo) y jamás he visto a nadie que se atreva a cantar una canción así sin ningún acompañamiento e incluso sin micrófono y lograr que la potencia y claridad de su voz conquisten cada rincón y cada corazón de la sala.

Con ese comienzo ya se ganó a todos aquellos que habían acudido al tañido de la campana con casi una hora de antelación: había que pillar buen sitio. Y así, estábamos todos tan unidos (he visto nichos con más espacio) que tuvimos que turnarnos para respirar. Pero es que pocas veces se presenta la oportunidad de disfrutar de un talento semejante en una sala mágica que siempre ha luchado y apostado por la cultura.

Con el público epatado desde el minuto cero, Carmen presentó sola al piano temas de ‘Ejazz con Jota’ y los intercaló con joyas de discos anteriores como ‘Cositas Insolitas’ o ‘Cuerpo triste’. Demostró que “A poco que le cambies a una jota dos acordicos, ya es más moderna que el hip hop”. Y no solo nos enseña composición e  innovación, también dio un curso avanzado de cómo hacer los coros, porque la París tiene el  don de hacer canciones que parecen sencillas pero siempre tienen algún misterio.

Aunque sin duda, uno de los mayores misterios es cómo esta artista nos ha convencido de que el ‘Mediterráneo’ tiene más luz a su paso por París [aclaración: de geografía voy justica pero no tanto, esto es una forma poética de decir que la versión de la maña mejora la original de Serrat]. Y así mismo, contemplamos en sus ojos claros (porque la muy desgraciada aparte del arte también se ha quedado todos los genes de la belleza) su visión de ‘Te solté la rienda’ de María Dolores Pradera.

La cantante demostró que quien de verdad tiene talento no necesita artificios ni juegos de luces o espectáculos para demostrar su grandeza. Si existe un ser superior, os aseguro que tiene acento maño y se dedica a meterle viajes a la jota. Por tanto, querida Carmen, como canta el maestro: “Si un día para mi mal, viene a buscarte la parca” dile que se pase antes a recogerme a mí porque no quiero vivir ni un minuto en un mundo sin nuestra diosa de la jota.

 

Texto y fotografía: Marta Asensio.

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