Con lo cabezotas que somos los maños, muy grande tiene que ser un artista para sacarnos de casa un jueves por la noche. Caíamos presas del frío y el viento que acechan a noviembre pero entonces llegó la joven Carmen Boza con su banda para mostrarnos que ‘La mansión de los espejos’ aún refleja más la luz en eléctrico, en El Poeta Eléctrico para ser exactos.

 

 

Con look desenfadado pero con sombrero (un sombrero le aporta elegancia a cualquiera, por algo Isa II, reina de Inglaterra y fashion victim, los lleva siempre), nos invita a adentrarnos en su particular mansión donde no cabe un alma más y efectivamente así es: la sala está tan llena que resulta una ardua tarea hasta desplazarte a por un gintonic(cosa que la cantante nos recomienda encarecidamente).

 

Nos guía a través de las diferentes estancias de esta morada que su nuevo disco representa: ‘Culpa o Castigo’, ‘Nana Noir’ y ‘Señales’ forman parte de una galería a veces brillante y otras más oscura y tenebrosa pero siempre con una energía latente que amenaza con detonar. Para lograr este efecto, la artista gaditana se ha rodeado de una banda a su altura: Toni Brunet a la guitarra, a la batería Martín Bruhn y la maestra del bajo Laura Gómez. Entre todos, nos llevan de un ambiente a otro: de la poesía cruda imbuida de realidad descarnada en ‘Disparate’ al ambiente pícaro de un cabaret con ‘De lirios y de éxtasis’.

 

Aunque lo que más sorprende de Boza es el contraste entre su apabullante juventud y su inmenso talento, la potencia de su voz que en ocasiones se desgarra y te desgarra, acompañada de unas letras con una sensibilidad extraordinaria que esconden mucho más de lo que aparentan. Y sin duda, el directo es su terreno, su mansión cobra vida cuando se arma sobre un escenario.

 

Hubo quien me dijo que esta artista era demasiado tranquila, que casi daba sueño: ahora que la he vivido en directo os puedo decir que esa afirmación enfrentada a la realidad no es más que una antítesis brutal

 

Carmen Boza es más fuerte que la propia fuerza. Es rock en la forma de mover el cuerpo al ritmo de su guitarra, es rock en las expresiones de puro disfrute (y en ocasiones, puro dolor) al sentir cada una de sus composiciones, es rock por la electricidad que transmite con cada giro de su voz y es rock en su forma de involucrar al público: “sentaos en el suelo, meteos mano o haced lo que hagáis para sentiros cómodos”.

 

Y tras epatarnos con la belleza, fuerza y fragilidad de su mansión, terminamos la visita con ‘Octubre’. Así, derrocamos a la antigua reina, cubrimos los espejos y nos comprometimos a dar fe de que Boza escribe canciones para el alma (de eso y de que el gintonic de fresa es la clave para reconciliarnos con la vida).

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar