Hace ya algún tiempo que se comenta entre músicos y salas en las que se hacen conciertos un tema que nos atañe a todos los que estamos dentro de esta profesión llamada música y que lleva por apellido cultura. Se trata de una maldición, un ataque a dichos lugares, a sus artistas y por consiguiente al público que frecuenta todo local que se preste en hacer espectáculos en vivo. Dicha imprecación trata de la prohibición de realizar conciertos en lugares en los que llevan años apostando por el talento de nuestro país de la mejor forma que pueden hacerlo, abriéndoles las puertas de sus salas para que muestren su arte. No es que se les prohiba directamente, pero se les exigen a día de hoy unas condiciones imposibles de cumplir, dar de alta a los artistas no profesionales los días de la actuación. Esto supone aproximadamente unos 35 euros de gastos por músico y día. En las últimas semanas los señores del ministerio de empleo y seguridad social de nuestro país recorren las salas en busca de su presa, sabiendo como deberían que tras un concierto de artistas amateurs (perdón por la insistencia), una sala de música en directo y una banda local hay una serie de gastos de los que nadie, ademas de los propios artistas y propietarios se hacen cargo. Una serie de gastos que en la mayoría de los casos con los "beneficios" de una noche de concierto no llegan a cubrir ni la mitad de lo abonado de su bolsillo: alquiler de furgonetas, alquiler de equipo si la sala no dispone de uno en condiciones, local de ensayo, dietas para los músicos, backline en cada establecimiento (para los señores inspectores y lectores menos entendidos, instrumentos que tiene que poner el local), cables, micrófonos, monitores de suelo, pies de micro, soportes en general, escenarios, etc... Un sin fin de abalorios necesarios para llevar a cabo una actuación. Además, hay que contar con el sueldo de los técnicos de sonido y luces, del personal de seguridad que se requiere en algunos casos y de todos esos detalles necesarios para abrir las puertas de un local y que la música comience a sonar. Una sala no puede hacer frente a todo esto.

Muy señores mios, inspectores del ministerio de sanidad y seguridad social, ¿se han parado a pesar desde sus sillas de oficina todos estos gastos?, ¿ se han planteado cuantas cervezas, copas o refrescos tiene que vender un local para pagar el alta de un sólo músico?, ¿ acaso han pensado por un momento en lo que están haciendo, además de seguir recaudando miles y miles de euros a costa de los sueños de los demás?. 

 

LA MÚSICA ES UNA PROFESIÓN: 

Así es, hay quienes apostamos por nuestro talento, hay lugares que creen en los artistas locales, hay cientos de muchachos y muchachas que vamos de un lado a otro con nuestra música acuestas, allá donde haga falta, allá donde podamos ser escuchados. Para todos los que nos subimos al los escenarios para mostrar lo que llevamos dentro, la música es nuestra forma de vida y para la inmensa mayoría nuestra profesión, para la que nos estamos formando en conservatorios, escuelas de música, profesores particulares, etc... Importe a añadir a todos esos gastos citados a la cabeza de este artículo. Y todos estamos de acuerdo en ser dados de alta los días de actuación, en poder vivir con un sueldo digno por dicha profesión, en poder ir al supermercado y pagar con dinero "legal", pero como comprenderán los músicos locales no nos podemos permitir ese precio abusivo por darnos de alta, no es que no queramos, es que directamente no nos salen las cuentas, y a los de los locales mucho menos. 

En Zaragoza, el Pub Eccos ha sido la última víctima de este sableamiento, hace tan sólo unos días. Esta sala lleva en funcionamiento desde 1981, siendo regentada por el mismo dueño desde el ´84, Ricardo Sancho, quien lleva apostando por la música en directo desde 2009, haciéndose con los mejores medios para que a los músicos no nos falte ni un sólo detalle para poder hacer nuestro TRABAJO en condiciones. La Campana de los Perdidos, La Bóveda y cada uno de los locales donde se realiza esta actividad han de estar un poco hasta las pelotas de estas gilipolleces, la verdad es que no es para menos. El 21% de IVA, en la cultura creemos que ya es demasiado abusivo, como para que se estén quedando el poco dinero que sacamos trabajando en los escenarios o saqueen las salas de conciertos que decoran las calles de todo el país con cultura que llega más allá de la que nos intenta inculcar algún programa basura de la televisión. 

 

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