Ayer Pau Donés llenó por segunda noche consecutiva el Teatro de Las Esquinas y tuve la suerte de ver muy de cerca las razones por las que esto sucedió. Desde el pasado 2016 el cantante y alma de Jarabe de Palo ha sido más noticia por su salud que por su música, lejos de esconderse ha realizado varios proyectos muy interesantes y con una perspectiva que sólo te da el estar en su posición. Además de esto tuvo tiempo de reimaginar sus canciones más míticas y grabar un disco que se ha publicado este 2017. "50 Palos" es un álbum con un gusto musical exquisito, bebiendo de los ritmos latinos como habitualmente, pero en formato más acústico; con un piano omnipresente y gran trabajo de cuerdas. Ayer disfrutamos de ese disco en directo, ni más ni menos, que no es poco. El formato elegido para esta gira es singular, un cuarteto, y después del resultado visto, me parece una acierto, pues todos demostraron ser grandísimos músicos, y la música fue el punto fuerte del concierto, parece obvio pero no siempre es así. El cuarteto está formado por Andrea Amador (violoncelo), Jaime de Burgos (piano de cola y otros teclados), Jordi Vericat (Contrabajo) y Pau Donés (voz, guitarra y percusión), aunque también circularon por sus manos ukelele y otras percusiones. Fue curioso ver como Pau Donés se colocó en un lado, rodeado de sus instrumentos y apenas ocupó el centro del escenario.

El piano de cola llevó el peso del concierto de forma espectacular, pero todos hicieron un gran trabajo, sin duda la vitalidad y buen rollo que desprendía Andrea Amador robó muchas miradas del público, cuando se vio en tareas que no requerían del celo se dio recurrentes paseos por el escenario disfrutando de la música y contagiando al resto. De los cuatro quizás Pau sea el que menos cualidades técnicas tenga, no es el que mejor afina, ni el que mejor toca la guitarra, pero posee una cualidad innegable seguramente más importante que lo anterior. En su voz y composiciones hay una verdad, una sinceridad pura. Desprovisto de grandes artificios, ni en lo lírico ni en lo musical, empatizas con el mensaje y te hace partícipe de él. Así, cuando interpretaron Humo, único tema nuevo del disco, una canción a la vida "cuando pensaba que se le escapaba..." la sonrisa fue tan inevitable como la lágrima. Interpretaron todos los grandes éxitos del grupo como "Bonito", "Agua", "La Flaca" o "Depende", si bien es cierto que al ser tan diferentes al original que la gente conoce al público le costó un poco más de lo habitual sumarse a cantar.

Personalmente me he inyectado el nuevo disco en vena y me sabía cada nota del piano, así que lo disfruté muchísimo, pero entiendo que es una gira diferente y si esperas las canciones de toda la vida te puede decepcionar. A resaltar el trabajo técnico, con un gran sonido, una iluminación muy cuidada y bien escogida y unos audiovisuales muy bonitos, proyectados durante las canciones, aspecto que no se suele cuidar demasiado. Entre las pocas veces que intervino Pau entre canciones, aunque siempre con acierto y gracia, nos explicó las historias detrás de alguna de las canciones y me gustaría destacar como invitó a salir al escenario a dos personas que contrataron al grupo antes de ser exitoso para actuar en Aínsa, pueblo del Pirineo Aragonés. Fue un gesto muy bonito y a resaltar. También durante "La Flaca" Pau se atrevió a subirse entre el público, para que todo el mundo cantara. Para despedirse se reservaron "Grita", que sin duda, los asistentes esperaban y la vivieron al máximo.

En definitiva, un concierto que en lo personal llevaba esperando con muchas ganas, con músicos de paladar exquisito y una verdad difícil de encontrar en un escenario. Si esperáis el "Jarabe de Palo" clásico quizás sea mejor que aguardéis a Septiembre, que empieza la gira eléctrica con banda al completo, pero si estáis abiertos a música de calidad sin grandes artificios no os podéis perder el disco "50 palos" y esta gira de Jarabe.

 

Texto: Mario Iriarte - Imágenes: Paloma López.

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