En un escenario tan teatral como el de la Oasis, encajó a la perfección el atrezo que traía bajo el brazo un Quique que apostó por ambientar sus canciones en un marco un poco más apropiado al que estamos acostumbrados los asiduos a salas de conciertos. Una cabina telefónica, dos farolas en las que en una de ellas colgaban los kilómetros a la “asturiana del zinc” y las persianas de cualquier película de cine negro americana sobre la que se proyectarían siluetas de algún Humphrey Bogart de oficio.

Llegaba acompañado de "Los Detectives" y todo estaba preparado para que las cámaras empezasen a filmar el guion que tan bien ensayado traían tras haberlo interpretado por toda la geografía española. El gran Cuti Vericad me dijo, con esa sabiduría que supura, que a él le gustaban las bandas de rock`n`roll grandes y las de pelo corto. Esta era de las segundas. Una banda de perros viejos que acumulaban giras como quien conserva las colecciones de cromos de temporadas pasadas. Buen hacer y una interpretación impecable que tal vez prescindió de un poco de picardía para meterse al complicado público maño en el bolsillo desde un primer momento aunque, aun así, al final acabamos todos en sus manos.

Un concierto medido en el que fue más que destacable, desde mi humilde perspectiva, la buenísima elección del repertorio combinando temas con banda con otros en formato un poco más íntimo. En alguno de estos, la insolencia zaragozana gobernó, y, aun chistándoles para que el “respetable” guardase silencio, no pudimos disfrutar de los momentos en los que los matices pasaban desapercibidos por las conversaciones tan importantes sobre Dios sabe qué sería tan importante. Esto me desplazó un poco de la trama que transcurría en el escenario pero ellos ni se percataron.

Nina, cantante de Morgan recibió el aplauso más intenso por su interpretación de un tema compuesto por quién pasó a un segundo plano acompañándola con su triste guitarra y un violín quién cerraba la instrumentación del tema acentuando las subidas sonando tan dulce que dolió hasta el tuétano a todos los que contemplábamos boquiabiertos mientras la marea nos alejaba de la costa.

En un letrista tan grande como él, empatizar con lo que canta está asegurado y con una interpretación tan fiel, mis aventuras pasadas se proyectaban en mi cabeza con una nitidez absoluta recordando nombres olvidados para apostar por un futuro por el que ahora quiero luchar.

Gracias Quique por las postales.

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