La tormenta que se adueñó de Zaragoza, la tarde del viernes 2 de junio, justo una hora antes de dar comienzo el concierto de Carlos Sadness no pudo a la tormenta sideral del cantante y de todos aquellos asistentes que no quisieron perdérsela. Todo parecía quedar entre familia cuando los problemas se solucionaron y Carlos admitía que estaba incluso mejor, “que cómo molaba tocar en una sala de museo”. El día siguiente lo calificaba como “uno de los shows más especiales que he vivido”. 

Nos pidió que nos sentáramos, las condiciones de la sala no eran las mejores, pero le daban un toque más a ese concierto en acústico del que esperábamos mucho, para él “ese arte daba mucha magia y energía”. Y así, como un hermano le cuenta una historia a otro, con toda la naturalidad propia suya, presentó el tema que rompería el hielo. En el fondo, me encanta que los cantautores hagan esto, que presenten su canción con un hilo de misterio, como poniendo a prueba a sus fans, a ver quién es capaz de reconocer y adivinar la que viene antes del primer acorde y la primera rima. Esta era fácil y decía así: “hace unos años me encontré una nota, y me decía que le habían llamado de la NASA para una misión espacial, bueno no sé si decía espacial o especial. A las seis despegará la nave, puedes ir al bar con los colegas a verla despegar”. 

Y allí estábamos, a las siete y media viendo despegar el ukelele de Sadness, acompañado por su guitarrista, y juntos entonaban el tema de “El día que dejaste la tierra”. Más tarde se excusaba de no poder tocar este año en el Polifonik, que por eso quería estar aquí, de alguna manera indirecta en el festival. En un vídeo en directo de Instagram explicaba que este verano para poder centrarse en su nuevo disco, prefería descansar de festivales, como tampoco asistirá al Arenal Sound. 

Le persiguieron temas como "Perseide", como no podía ser de otra manera, "El Gran Momento" o "Días impartes", seguida del tema nuevo del próximo disco: “Amor Papaya”. Nos arrancó unas risas hablando de las figuras “Influencers”, que muchas se habían apropiado de su canción, pero que hacían la vida más fácil “aunque nos hagan parecer que nuestras vidas y vacaciones son miserables, y nuestros pies feos”. “Miss Honolulu” salía al calor de aquella habitación en la que ya nos sentíamos como en casa. Luego vino “Bikini” y “No vuelvas a Japón”.

Haciendo un guiño a su pasado y al festival, ya que cuando actúo por primera vez en el Polifonik “llevaba gorra” siendo Shinoflow, supo perfectamente y ante las miradas atónitas de todos los espectadores, empezar a rapear, siendo el momento más aplaudido, de lo que Carlos se burlaba diciendo: “oye que si es lo que más os gusta podéis ir a un concierto de rap eh”. 

Pide que nos levantemos, pero los de atrás se quejan y sabe llevar perfectamente la situación. Empieza a moverse por la sala y se acaba formando un circulo en medio y todos cantamos y nos movemos con “Qué electricidad”, la que transmiten artistas así, que arreglan las noches y llevan las letras a otro nivel. Se dejó una, para mi gusto, “Groenlandia”, pero pudo explicarme luego arriba en la terraza mientras hablaba con cada uno de los asistentes, dedicando tiempo, que para un concierto acústico era muy difícil elegir el repertorio de canciones. Así que gracias Carlos Sadness, “menos mal que existes, y no tenemos que imaginarte”. 

Los días 23 y 24 de junio seguirá el espectáculo en el Polifonik Sound de Barbastro, con algunos artistas como Iván Ferreiro, Mikel Erentxum o Sidonie, celebrando su décimo aniversario. 

 

 

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