Estamos viviendo tiempos de cambios dentro de la música en directo y últimamente son muchas las bandas y los solistas que se animan a traer sus canciones en formato acústico, sencillas y sinceras, al hall de un hotel o a una terraza de un lugar de moda, todo esto con la consabida limitación en el número de entradas a la venta. En el espacio cultural "Las Armas" apuestan fuerte por esta propuesta y nos han deleitado para este verano una programación de lujo, desde la azotea del museo Pablo Serrano de Zaragoza. Dentro del ciclo "Live the Roof" hemos podido disfrutar de la música de Thachenko o Elefantes, entre otros, y ayer, Mikel Erentxun, con todas las entradas agotadas. Pero esto es Zaragoza y aunque el público no falló quien sí lo hizo fue el tiempo. Este cierzo nuestro fue el único "pero" de la velada de ayer, donde el añorado cantante de los Duncan nos deleitó con una hora y media muy sabrosa.

Mientras el aire tiraba vasos, ceniceros, arrastraba sillas y las faldas de las lugareñas se alzaban en forma de capa Mikel dio un repaso importante a sus dos últimos discos, sin dejar por ello clásicos de su etapa en solitario y los cosechados con la banda donostiarra.

Canciones como "El principio del final" de factura más reciente se mezclaron y de qué forma con temas más antiguos, como "Cartas de amor" o "Mañana" , de su etapa en solitario. "Cien gaviotas" o "A tientas" de Duncan Dhu también formaron parte del repertorio del cantautor. Como nota curiosa, dos versiones: "La tierra de los sueños" de La Dama se Esconde y "Nena" de Miguel Bosé. Impresionante.

Sin duda un concierto íntimo y sobre todo en un formato donde no sólo se desnudan las canciones, sino que Mikel también desnudo su quebrado corazón.

 

 

 

Texto: Luís Zarápolis. 

 

 

 

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