A las once menos cinco se encendieron las luces rojas del escenario, que calentaron al público e hicieron que se encendiesen también sus gritos. No podía ser otra canción. La capital oscense pudo disfrutar el sábado 12 de agosto de un Leiva que abría su concierto con “El último incendio”, un tema que inició un show cercano, con un envidiable y notable directo. Una energía arrolladora que le daba mil vueltas a la versión en disco. Fue una llama que arrasó y el fuego provocado hizo que el público se agolpase y cantase rompiéndose la voz. Pidió perdón por no haber pasado desde hace mucho tiempo por Huesca y, entonces, “claro que pudo despegar”. Porque todavía era 12 de agosto, y también “septiembre podía esperar por nosotros una vez más”. Le siguieron canciones como “Lluvia en los zapatos”, “Animales” y “Tu guerra mundial” antes de saludar al público que aplaudió al instante. Las canciones se sucedían una tras otra, parecía que no le daba tiempo ni a respirar a la Leiband, con una perfecta unión que mecía al público sin soltarle. 

Llegaron “Windsor”, “Palomas” y “Los Cantantes”. Dedicó "Sixteen" en homenaje a Chuck Berry, pero un incidente les impidió cantarla de inmediato. Se había producido un desmayo en medio del público y Leiva no dudó en parar el concierto, hasta que pasados unos minutos apareció una ambulancia que se abrió hueco entre el público avanzando hasta cuarta fila.

El ritmo del concierto hasta ese momento parecía inquebrantable y había sido perfecto, pero se había roto y Leiva tartamudeando se sentía molesto por tener que seguir el concierto sin Rosa, la mujer que se había desmayado y tuvo que abandonar el show, pero le dedicó el espectáculo, pidió a su público permiso y supo perfectamente retomar el ritmo. 

Así, volvió a estallar la pólvora, tratando de ahuyentar a los nuevos monstruos, a los que parecía que Leiva les decía que no le daba miedo su pasado, del cual no se olvidó y el público lo agradeció. La media naranja de Pereza se permitió algunos temas como “Estrella Polar” o algún guiño entre medias a “Superjunkies”.

Vinieron despuésEme” y “Breaking Badcon su inconfundible frase inicial: “La vida me ha cambiado en un segundo extraño”, seguidas de “Miedo, “Ciencia Ficción” o “Super Hermanas”. 

El vivo de Leiva da más fuerza, más ganas de bailar y convence a muchos de los asistentes que salen atónitos y con ganas de más del concierto. Se escucha algún, “oye y esa canción, ¿cómo se llamaba? Pues pensaba que no, pero me ha encantado, ¿eh?”. Agradezco mucho a estas personas que aún siguen poniendo votos de confianza sin conocer casi al artista y van a los conciertos, incluso sin ser gratuitos, cuestión que también agradeció Leiva. 

Se puso la piel de gallina cuando sonaron los primeros acordes de “Amélie”, porque casi todos los que estábamos allí seguramente alguna vez hemos querido a alguien que nadie nunca nos recomendaría. Se veían espectadores emocionados, algunos ojos atónicos, algunos ojos cerrados para preocuparse solo en cantar. Y llegó “Monstruos”, con un ligero guiño a Sabina, recordándolo con sus versos “lo niego todo”, un tema que parecía más bien una confesión, un momento en el que pareció que sus miedos fueron contagiados a sus seguidores, que lo cantaron como si realmente no importasen. Sonó después “Mirada perdida”, “Electricidad”, que transmitió una energía palpable y “Como lo tienes tú”, que volvió a poner a todo el mundo a saltar, siendo una de las canciones más aclamadas. Tras ella vinieron “Medicina” y “Terriblemente cruel”.

Saludan sosamente al público y se van sin despedida que lo valga, pero todos sabemos que es el ritual, parece que lo hayan hecho adrede que se note todavía más. Y tras un “ooootra, ooootra”, vuelven a salir. Pero eso estaba claro, no podían irse sin haber cantado “Sincericidio”. Salieron a gritar te quiero y lo repitieron hasta que no les quedo voz. Para terminar, “Lady Madrid” vino para quedarse y relajar el ambiente, una balada de esas que te dejan sin aliento y sin voz, porque parecía que no había nadie que no se supiese ese tema.

Las luces favorecieron el espectáculo, rojas dando calor, blancas dando brillantez. Juancho Sidecars (guitarra), Manolo Mejías (bajo), José Bruno (batería), Luismi Huracán Ambulante (percusión), Tuli (saxofón), Gato Charro (trompeta) y César Pop (teclados) se quedaron bailando, como ya lo habían hecho durante todo el espectáculo, con mini coreografías planeadas que hacían que se notase que estaban disfrutando de esa noche. Entonces volvió a aparecer Leiva sin camiseta, y aplaudieron, y sonrieron, y siguieron bailando, y se abrazaron y, esta vez sí, se despidieron de un escenario del Recinto Peñas que seguramente se hubiera quedado allí bailando con él, o gracias a él, algunas horas más.

Cientos de manos aplaudieron agradeciendo su mejor versión, que, aunque falto dicho tema, se hizo notar y así fue en general durante hora y media. La mejor versión de un Leiva, que, con botines marrones, pitillos negros ajustados, como dice su canción, camiseta de Kiss y sombrero, disfrutó como un niño en el escenario, como hace 20 años, cuando tenía 16 y se inició en el mundo de la música con su banda “Mala hierba”. Precisamente, en este de concierto de Huesca, agradeció que acudiesen dos tipos que nunca faltaban a las salas cuando nadie más iba a verlos jamás, Tino y Miguel, para los que pidió un gran aplauso.

 

Texto: Pilar Viñas.

Imágen: Ana Escario.  

 

 

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