Joaquín Sabina hacía parada en Zaragoza para ofrecer dos conciertos consecutivos durante las fiestas del Pilar, en el pabellón Príncipe Felipe. Ambos con entradas agotadas desde hace semanas. "Esta canción va dedicada a la viuda más guapa del mundo: Juana Labordeta". De esta manera tan bonita y no siendo el primero de los recuerdos hacia José Antonio Labordeta daba comienzo la segunda canción de un repertorio marcado en dos partes, la primera dando un repaso íntegro al nuevo disco del maestro, "Lo niego todo" y una segunda con los clásicos de toda la vida que tan buenos momentos nos han dado y marcado a varias generaciones.

Sabina es conocedor de la pasión que levanta entre el público y en concreto el maño, es por eso que acude a dos citas con la venta agotada desde hace tiempo. Pero aún así, estamos ante los últimos coletazos en directo de un artista que se le nota mayor y cansado, no sólo en voz, de hecho se le nota frágil y con miedo, pero ojo, la provocación, el sarcasmo y la ironía marca de la casa siguen intactas.

Después del repaso al nuevo disco con tintes a Leiva, Sabina dio paso tras interpretar una canción de Calamaro, a presentar a la banda, que además de tener a sus dos espadas de siempre, Antonio García De Diego y Pancho Varona, incluye también al músico de Ejea de los Caballeros, Sagaste, el cual fue recibido con una gran ovación y Jaime Asua, guitarra de Alarma.

A partir de aquí, clásico tras clásico, "Pastillas para el dolor", "19 días y 500 noches", "El bulevar de los sueños rotos", "La del pirata cojo", etc. Un sinfín de canciones con "Princesa" de colofón, la canción más bella del mundo la cual a este humilde plumilla le sirvió para derramar unas lagrimillas.

 

 

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