Última llamada a ser solo uno en época de colectivos; la necesidad de arrojar luz, la búsqueda de quiénes somos, el reconocimiento del amor de los mayores, la inmensa riqueza de la desnudez y los espacios cotidianos. Flotando más allá de lo que captan los sentidos meramente terrenales, Malla planta cara a la inmensidad.  Un salto al infinito, el más difícil todavía. Sí, “El último  hombre en la tierra” fue el disco de nuestras vidas. Sí, acudimos a la revolución y traemos en la mano las vendas con las que intentaron taparnos los ojos. 

Partiendo del hecho de que todo disco tiene tantas interpretaciones como miembros la orquesta de Bratislava, nos atrevemos a firmar que “¿Revolución?” es un disco de canción protesta. Sí, protesta, llamada de atención y desafío. El golpe sobre la mesa del inconformismo virtual forrado de postureo y un desafío a ser feliz incluso si no todo va bien; el acercamiento al migrante, la chulería de quedarse quieto y la fuerza de saber que nos darán aún más golpes, pero que seguiremos en pie. Con estos ingredientes el disco es una granada sin anilla. Sin embargo, el quid de la cuestión reside en convertir todos estos asuntos tan afilados en un canto a la esperanza, al buen humor y la amabilidad. 

No conocemos de nada al bueno de Don Coque, sin embargo, guardamos una bonita colección de entradas picadas. Vamos a tirar de hemeroteca para contextualizar este disco. El 13 de octubre de 2017 en Tarragona, en un muy breve discurso de agradecimiento, marcado por la emoción y el esfuerzo titánico de salir a escena solo con una guitarra, un sombrero y una lámpara de araña, felicitó al público con un “veo que el sentido del humor lo tenemos intacto” y alguien en la tercera fila susurró “con la que está cayendo”. A quien habla desde el corazón y las buenas intenciones, solo se le puede querer. Coque se convirtió en nuestro analista favorito. Ese sentido del humor encuadrado en la que nos está cayendo es el clarísimo leitmotiv de este trabajo. 

Con “¿Revolución?” nos ha tomado el pulso mientras dormíamos y el diagnóstico no termina de ser demasiado optimista: comprendemos incorrectamente a diario el significado de individualidad e individuo, confundimos términos tan vitales como “amigo”, “verdad” o “diversión” y vemos aliados en masas sin forma compuestas por ceros y unos.  La receta para la cura no se puede comprar y únicamente se alcanza librando la más encarnizada de las batallas: la lucha en la que villano y héroe son la misma persona. La reflexión, la contundencia de nuestras propias acciones y la vuelta a los orígenes, la importancia de un menos que siempre se torna en más. 

Todo viaje implica una vuelta en la que traes una maleta cargada de novedades montada sobre el chasis de quién eras cuando marchaste. Del viaje a “¿Revolución?” hemos encontrado un camino de baldosas amarillas que llevan a los arreglos orquestales de cuento de “El último hombre en la tierra” y una senda de migas de pan hasta “La hora de los gigantes” y esos coros que se quedan grabados y te ponen a silbar cualquier mañana. 

Misma esencia, nuevos temas, nuevos giros y una descarga de fe y vitalidad bien enfocada. El entusiasmo, la resiliencia y el aprendizaje son la base de toda felicidad bien comprendida. Coque, cambiando el sombrero y la media melena por una rapada al tres, digna de quien no tiene miedo alguno a las miradas ni al invierno. Coque jugando al rap con Kase O., nuestro queridísimo Javier Ibarra, con Jaime Urrutia como profeta y poeta. 

Estamos en pie, no podemos negarlo, nos estamos dejando los ojos leyendo entrevistas y viendo fotos por todas partes. Esperamos que nos la vuelvas a colar como a Broncano y que riamos todos juntos, una y mil veces más. 

Aviso a navegantes: nos vemos todos el próximo 21 de febrero en el Teatro de las Esquinas, en Zaragoza. Ándense con cuidado, hay fechas con el cartel de no hay entradas colgado desde hace días. 

 

Texto e imágen: Teresa Monteagudo

 

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