Con el pabellón Principe Felipe lleno, la energía de siempre de los hermanos Muñoz y el público entregado desde el minuto uno de concierto. Estopa hizo un amplio repaso a toda su carrera en las dos horas y media que duró el concierto. Diez minutos más tarde de la hora esperada salían al escenario y el público iluminaba el ambiente con las luces de sus teléfonos, creando un ambiente maravilloso y una gran comunión inicial entre púbico y artistas. «Fui a la orilla del río y vi que estabas muy sola. Vi que te habías dormido, vi que crecían amapolas» y el recinto se cargó de energía que durará hasta el final del concierto.

Al fondo del escenario una gran pantalla proyectaba imágenes del grupo durante el concierto, superpuestas en una imagen de un edificio, animaciones relacionadas con las canciones y diferentes fotografías y videos que iban cambiando, así como una simulación de un coche atravesando una ciudad de noche. 

Intercalando canciones nuevas del disco que da nombre a la gira y último trabajo “Fuego” con otras más antiguas llenaron de fuerza y rumba catalana el Príncipe Felipe. Con la misma energía de hace 20 años (primera vez que vinieron a Zaragoza) asaltaron el escenario y de la misma manera que ellos se divirtieron hicieron que los espectadores allí presentes disfrutaran con ellos.

La misma vena canalla de siempre, las travesuras de los ya cuarentones (aunque no lo aparenten) y la frescura que los caracteriza dialogaron con el público, bromearon con él e incluso antes de la segunda canción entonaron una jota: «Y a la corte aragonesa, le traigo una petición, casarme con la princesa de la corte de Aragón». Todo esto en un ambiente muy cercano que es muy importante en un concierto de artistas de este nivel.

Hubo canciones para todas las edades: «Vino tinto», «Fuego», «Tragicomedia», «Malabares», «Pastillas para dormir», «La raja de tu falda»… Alguna lenta que llegó a mitad de concierto donde volvió a iluminarse a golpe de linterna de móvil el pabellón. 

Un concierto hecho a medida para los fieles seguidores del grupo desde sus inicios y los que a lo largo del tiempo se han ido sumando. Se pudo ver generaciones distintas en los aledaños del recinto desde más de una hora antes del inicio del concierto. Padres con hijos, parejas que se habían “arrastrado” mutuamente… todos acudían a un concierto “para todas las edades”.

Y como no podía ser de otra manera, tras presentar a su banda (una curiosidad, uno de sus baterías es Luisito Dulzaides, el mismo que lleva en sus giras el gallego Andrés Suarez) con «Ojitos rojos» entre otras, a la guitarra los dos hermanos solos, sin ningún instrumento que ese cada uno y su voz acabaron anunciando que en 2020 volverán a Zaragoza, concretamente el 11 de octubre. Una noche perfecta que hizo las delicias de los fans de los de Cornellá. 

 

Fotografías realizadas por: Lucía Llana 

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